sábado, 5 de diciembre de 2009

Una familia amish en la selva. Primera parte.

Hogar de la familia en la selva. (Pinche la foto si quiere ampliarla)

"Yo solo puedo llevarle hasta aquí. Ahora cruce el río y avance en línea recta hasta llegar a la casa. Pero vaya con cuidado, tienen perros bravos." Estas fueron las últimas palabras del conductor de la moto con la que había llegado hasta allí. Habíamos atravesado muchos kilómetros de una de las selvas que hay en el norte de Bolivia. Primero usando las pistas de los leñadores y luego por dentro de la selva, zigzagueando entre los árboles y las palmeras. Cada tanto, pasábamos pequeños barrancos y riachuelos utilizando un tablón -que a duras penas era más ancho que la rueda- apoyado en precario equilibrio sobre los bordes de la senda.

Por suerte, los indígenas de la selva nunca se ponen nerviosos y al motorista no le temblaba el pulso lo más mínimo en el momento de cruzar.
Sin embargo, yo no estaba tan tranquilo. Hacía algo más de un mes que había salido de un hospital de Bolivia tras un gravísimo accidente en tierras menonitas que casi acaba conmigo. Todavía no me había recuperado de la pérdida de sangre y llevaba el brazo cosido y vendado hasta el codo. Si me caía allí, a varios días de un hospital, sería muy grave.

Muy inestable por el peso de la mochila grande a la espalda y la pequeña con la cámara en el pecho, me sujetaba con la mano izquierda a un saliente metálico de la moto. Parecíamos motoristas de Saigón.
Yo no paraba de repetirle al conductor "Vaya despacito por favor, que tengo el brazo derecho fregado -estropeado en boliviano- y no puedo sujetarme".

Al final no caímos gracias a la pericia y serenidad del motorista. Era todavía el primer gran viaje después de haber dejado el trabajo de astrofísico para correr aventuras, y no se puede negar que las había tenido. En los últimos meses había experimentado el conjunto de aventuras más grande que me haya ocurrido hasta el momento. Incluyendo su lado oscuro.

La cuestión es que allí estaba. Así que ahora "perros bravos", eh?
Me despedí del motorista, crucé el río y avancé en línea recta. Pasé una zona de vegetación densa y allí apareció la casa. Unas cabañas con paredes de madera y techos de hoja de palmera. Los perros bravos no podían estar lejos.
Para mis adentros pensaba que, aparte de esta familia, no vivía nadie más en muchos kilómetros a la redonda, y ciertamente los perros no estarían acostumbrados a las visitas. Además la familia ni siquiera sabía que yo venía. Así que, mientras avanzaba lentamente hacia la casa, iba gritando "¿Srs. Peters? (*) ¡Hola! ¿Hay alguien?" Con la esperanza de que los habitantes estuvieran fuera de la casa o salieran a tiempo de parar a los perros, caso que estos se alarmaran.
De repente, apareció uno de los perros y comenzó a correr hacia mi.
(*) Los nombres son ficticios y no puedo dar detalles del lugar. Este fue el acuerdo al que llegamos para preservar la intimidad y el aislamiento de la familia.

13 comentarios:

Rafa Pérez dijo...

Que siga pronto la historia...
Ya oigo ladrar a los perros.

Javier dijo...

Me encantó el reportaje publicado, así que yo también espero el resto de la historia con impaciencia.

Saludos

Jordi Busqué dijo...

Rafa Pérez,

sí que ladraban, sí...

Javier,

creo que te refieres al reportaje de los menonitas. Estos son amish, que es algo distinto. También se publico, pero fue solo un artículo corto de cuatro páginas, que ni siquiera estaba orientado a explicar como vive esta familia. Espero poder publicarlo bien en otra ocasión.

Paco Elvira dijo...

Yo también espero con impaciencia el resto de la historia

David Monfil Cusó dijo...

Hola Jordi, Soy David Monfil...Te sigo desde que compartimos una de las recetas de un amigo en común, Paco Elvira. Tan solo decirte que tenemos otra cosa en común, yo también deje atrás una brillante carrera como informático para poder viajar, conocer, vivir... Y también que no es poco, me he vuelto un poco Kamikaze desde entonces...
Al igual que todos, espero que no tardes en publicar la segunda parte de la historia.

Un abrazo.

Jordi Busqué dijo...

Paco Elvira,

gracias Paco, espero no tardar en publicarla. Aunque ni siquiera la he comenzado a escribir.

David Monfil Cuso,

Bienvenido. ¿A qué receta te refieres?

frikosal dijo...

No quiero ni pensar lo de los perros corriendo.. una vez me pasó exactamente esto mismo, sin el brazo fregado, en una urbanización. Lo que no entiendo es como después de lo del brazo tuviste la presencia de ánimo de ir a buscar a la familia amish, es admirable.

MartinAngelair dijo...

Ese perro,...el Srs. Peters, está acostumbrado a una familia,...


...y me temo que se quedará encantado con ese nombre guapo.






Me siento rídicula con mis comentarios,...pero tengo la vacía licencia de que mi cuerpo, también lleva meses fregado.







B.N.C.J.



Un beso, ya que estamos en familia.

David Monfil Cusó dijo...

Jordi, he revisado el Blog de Paco y no es una receta, te dedico un post entero para el reportaje de los Menonitas...

Saludos

Jordi Busqué dijo...

Frikosal,

si la gente supiera las que pasé con lo del brazo... Creo que las revistas me publicarían la aventura antes incluso que el tema de los menonitas. En El País hablamos de esta posibilidad, pero al final nos restringimos al tema principal. Visto ahora hasta a mi me parece que tuvo mérito.
Respecto a los perros me acabaron mordiendo en Ecuador. Ahora siempre intento llevar un buen palo antes de ir a caminar al campo. Hoy mismo lo he usado en Colombia.

MartinAngelair,

espero que los Srs. Peters no vean este post. Creo que a ellos les gustaría más que ni siquiera se supiera de su existencia.

David Monfil Cusó,

ah OK, ahora lo entiendo. Gracias.

igniszz dijo...

Mejor llevar una chuleta de ternera con estricnina o algo así!
Que continúe, por favor!

treehugger dijo...

Me encanta la foto, tiene una atmosfera muy especial

Jordi Busqué dijo...

Igniszz,

sí, pero el palo sale más barato. Y como instrumento disuasorio, muchas veces ni hay que usarlo.

Treehugger,

muchas gracias.