jueves, 22 de octubre de 2009

La pequeña Cristina de Bucarest

Cristina en el coche donde vive con su madre. (Pinche la foto si quiere ampliarla)

Conocí a Cristina cuando iba a toda prisa hacia el aeropuerto, en los últimos minutos de un viaje por Rumania y Ucrania. Apareció corriendo y se interpuso en mi trayectoria, sonriente y extendiendo su mano pidiendo limosna. Yo le devolví el gesto. Entonces ella se puso la mano en el bolsillo y me dio una moneda. Tras deshacer el nudo de mi estomago y recoger los pedazos de corazón del suelo, le di lo que me había sobrado del viaje, desgraciadamente solo calderilla, dejando lo justo para el billete de bus al aeropuerto.

Usando una de las pocas frases que había aprendido de rumano, le pregunté su nombre. “Cristina”, respondió ella. Entonces me dijo que viniera y me enseñó el coche donde vivía. Había una mujer durmiendo, que supuse sería su madre. Al menos no era uno de los niños abandonados que viven en la calle y pasan el día oliendo pegamento. En el suelo del coche había cartones de leche y otros envases de comida. Entonces me regaló esta foto, en la que juega a esconderse tras el marco de la ventana del coche.

Estaba ya en el límite de perder el avión así que tuve que continuar el camino corriendo.

8 comentarios:

Rafa Pérez dijo...

Jordi,

uno de esos momentos en los viajes que no se pagan con dinero y cuyo recuerdo se prolonga mucho más allá de lo que lo hace la revista en el quiosco.

igniszz dijo...

Tierna historia. Mucha pena. Toto el mundo tiene algo que enseñarnos. Buen viaje!

maría dijo...

Dan ganas de llorar de ternura a veces en la vida. Es como un congoja pero que en vez de comprimirte te hace sentir ¿más grande? no sé. Sentir.

nomesploraria dijo...

Glups

Andres dijo...

Se me ha quedado un nudo en la garganta, que no se cómo tragar. Gracias por esta historia que me recuerda lo desagradecido que soy cuando me quejo de mi vida...

Espero que te esté yendo bien en el viaje.

frikosal dijo...

Este encuentro tuvo la densidad de aquella historia de la pepita de oro de Tagore.

Una vez me ocurrió algo en cierto modo similar.

Dr. Jorge Garat. dijo...

Que linda, tierna y evocadora historia Jordi.

Es el "sino" de tantos países donde el si naces en la cuna equivocada, tienes marcado tu devenir para el resto de la vida.

Cuídate, espero conocerte en Febrero.

Jordi Busqué dijo...

Rafa Pérez,

así es, el blog está bien pq te permite contar cosas más allá de lo que se publica en las revistas.

Igniszz,

cierto, y a veces los que tienen más que contar son los menos escuchados.

María,

es lo que tiene el llanto, que relaja y en la calma deja ver las cosas más claras.

Nomesploraria,

espero que lo pase Vd. en grande con las focas!

Andres,

en nuestra cultura se acostumbra a echar en falta lo que no se tiene en lugar de apreciar lo que sí se tiene.

Frikosal,

a ver cuando nos cuenta esa historia. Nos vemos en su conferencia!

Dr. Jorge Garat,

es muy cierto lo que dices. Son barreras casi infranqueables. Yo también espero que nos conozcamos en febrero!