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lunes, 14 de enero de 2013

Asturias bajo las estrellas

Cuando paseo en la noche me da por pensar qué ocurriría si solamente pudiéramos ver los cielos estrellados una vez cada cien o mil años. La gente se sentiría tremendamente afortunada de haber nacido en una época en que fuera posible observar una de esas tan escasas noches estrelladas. Nadie dormiría esa noche y tratarían de captar toda la belleza que les fuera posible antes de que el alba les robase ese sueño que nunca más verían.

Sin embargo, no vi a nadie durante todo el tiempo que estuve fotografiando, cosa que me hizo sentir como si yo y el caballo que miraba la Luna y susurraba a los hombres, fuéramos los únicos conocedores de ese gran secreto.

Nota: Estas fotos las he hecho durante el viaje de cuatro días a Asturias que realice el mes pasado, casi todas en dos noches que fueron relativamente despejadas. Si lo desean, pueden pinchar las fotos para verlas más grandes.

lunes, 7 de enero de 2013

Las montañas mágicas. Viaje a Asturias.

¿Es el Fitz Roy? ¿Es el Cerro Torre? No, es el Picu Urriellu.

Aquellos de ustedes que leen este cuaderno de forma habitual, ya saben que siento una fascinación especial por las montañas singulares -así, en plural, porque el mundo es tan grande que incluso lo singular es plural. La Montaña Humeante, el Cerro Torre y los Cuernos del Paine son mis tres favoritas (no necesariamente en ese orden).

El Naranjo de Bulnes hace honor a su nombre.

Pero lo importante es saber que no hace falta marcharse tan lejos para ver cosas excepcionales. La última montaña mágica que he visitado ha sido en mi reciente viaje a Asturias. Se trata del mítico Picu Urriellu, también conocido con el nombre de Naranjo de Bulnes.

Mirador de Camarmeña

Aquellos de ustedes que conozcan Picos de Europa, ya sabrán que para destacar en el macizo de los Urrieles no queda otra que ser una colosal pared de piedra de primera linea mundial.

No exagero, en el mundo de la escalada se considera así: hace tan solo tres años los famosos hermanos escaladores Iker y Eneko Pou consiguieron terminar por primera vez la ruta Orbayu, considerada la vía más difícil del mundo en escalada libre en pared (para los entendidos, 8c+/9a). Recuerdo que los hermanos Pou hicieron notar que de encontrarse en EEUU, esta ruta sería más famosa que las de Yosemite.


Yo no soy escalador y me siento completamente satisfecho con la sola contemplación de estas moles de piedra. En la zona de Cabrales se encuentran algunos de los principales miradores (el de Poo, el de Pedro Udaondo, el de Camarmeña...) así como otros menos conocido y sin nombre, pero que ofrecen vistas igualmente satisfactorias.

El Urriellu bajo las estrellas (pueden pinchar todas las fotos para verlas más grandes).

Muchas veces la riqueza de las experiencias está en los detalles. Tal vez la espectacularidad del Urriellu eclipsa los detalles, pero yo he disfrutado de "salidas de rutina" producidas por el olor a tierra mojada, la luz reflejada en la niebla de un hayedo, el silencio roto únicamente por el sonido de los cencerros de unas vacas, una baranda de madera cubierta de musgo, el olor de madera y resina frente a una granja en la que estaban cortando leña, para luego regresar yo por la noche y encontrar un fuego encendido en el hogar.

El hogar con fuego que encontraba al regresar de noche a La Portiella del Llosu.

viernes, 28 de diciembre de 2012

En raquetas de nieve por el Parque Natural de Las Ubiñas - La Mesa. Viaje por Asturias.

Pasear por la playa hasta el amanecer y hacer una travesía en raquetas de nieve por la tarde. Eso es lo que pude hacer en Asturias gracias a su peculiar geografía, que en tan solo 60 km va del nivel del mar a alturas de más de 2500 metros.
 
De estas alturas les hablaré hoy, concretamente de un lugar que la Unesco ha reconocido como reserva de la biosfera hace tan solo unos meses: el Parque Natural de Las Ubiñas - La Mesa. 

Guiado por Pablo Fernández Cañón, guía de montaña de Tocando Cumbre, realicé una travesía en raquetas de nieve por dicho parque.


El frío y la nieve es un filtro para mucha gente, cosa que en mi opinión hace mucho más interesante una visita en esta época del año. Al calzarnos las raquetas se nos abre un mundo. De repente, nos vemos capacitados para explorar un territorio que solo era accesible fuera del invierno. Es como entrar en un museo cuando ya ha cerrado sus puertas y poder disfrutar en total silencio y tranquilidad de las obras que allí se exponen.
 
En este caso las obras nos la ofrece la naturaleza, que en la zona que yo recorrí se expresa en su vertiente vegetal en forma de vistosos acebos (que vienen muy a cuento estos días) y de numerosos rebecos en su vertiente animal. Con un poco de suerte uno puede avistar el oso pardo o el lobo ibérico, que campan a sus anchas por estos territorios.


Dejando el coche en la carretera que lleva al Puerto de la Cubilla (hubo que dejarlo un kilómetro antes por exceso de nieve en el asfalto), llegamos hasta las casetas de los pastores en Puerto de Vallota donde almorzamos. Más tarde fuimos hasta el pueblo de Tuiza de Arriba y ascendimos por el valle del Meicín hasta el refugio Vega de Meicín, situado a 1560m de altura, en el interior de un circo glacial. El refugio se encuentra al pie de Peña Ubiña, mole de 2417 metros de altura que es una de las mayores de la cordillera cantábrica.

Joaquín Álvarez, responsable de Vega de Meicín, nos contó que muchas veces cuando sube al refugio por la noche, al enfocar con la luz de su frontal los márgenes del valle, ve brillar los ojos de los lobos que controlan todos los movimientos que allí ocurren. Pese a no ser peligrosos para las personas, no hace mucho tuvo que llevar algo más abajo a un burro que estaba siendo atacado justo afuera del refugio.

Pensando en lobos y osos salí yo a fotografiar la Peña Ubiña bajo las estrellas.

De día los lobos controlan lo que sucede en esas alturas, pero no son visibles ya que su pelaje es una obra maestra de la evolución en cuanto a camuflaje.

La mañana siguiente descendimos hasta Tuiza de Arriba para subir hasta el collado de El Viso y siguiendo hasta La Carba de Valseco.

Todo el mundo ha oído hablar de Picos de Europa, pero Ubiñas-La Mesa es otro de los tesoros que esconde Asturias, con la ventaja de ser menos visitado.
 
Durante la travesía se tienen conversaciones muy interesantes. Aquí la oveja nos contó la razón por la que a este parque se le llama La Mesa: la montaña del fondo.

Les dejo con este pequeño vídeo que hice durante la travesía:

lunes, 24 de diciembre de 2012

Las playas asturianas bajo las estrellas. Viaje a Asturias.

Aquí me tienen, linterna en mano, maravillado ante el espectáculo nocturno. (Vale la pena que pinchen la foto para verla más grande)

En alguna ocasión les he contado que me gusta leer las crónicas de los viajes de exploración del pasado. Una cosa que queda bastante clara al leer a los cronistas es que el mar de noche era algo muy temido. Por suerte, por muy pavoroso que sea el océano en una noche de tormenta, uno puede darse el lujo de contemplarlo con toda tranquilidad desde tierra firme.

Tras pasar la tarde buscando playas escondidas en la costa asturiana, tuve el deseo de verlas bajo las estrellas. Disponía de una sola noche, pero comenzó lloviendo. Lejos de desanimarme decidí aplicar la perseverancia  salvaje que me caracteriza, levantándome cada pocas horas para ver si el cielo se había despejado. Hacia las seis hice la última comprobación y, al fin, tenía delante de mí un cielo plagado de estrellas.


La lluvia había limpiado la atmósfera de forma que la transparencia era notable. Llegué a la playa sumamente emocionado. A falta de luz los otros sentidos dominaban mi experiencia: el olor a lluvia seguía presente en el ambiente y se mezclaba con el del mar; las pequeñas olas y las consecuentes resacas hacían rodar el pedregal de la orilla, produciendo un fuerte ruido periódico que se superponía al zumbido del océano.

Pese al ligero oleaje, el ruido era un indicador honesto de la fuerza del mar. En ocasiones, la noche es tan oscura y fría que parece que el mar queda paralizado, como congelado, aparentando ser mucho más inofensivo de lo que en realidad es.


La luz de unos pescadores en compañía de las estrellas.

Nota: En la larga exposición de la fotografía el agua parece más en calma de lo que en realidad estaba.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Playas escondidas en invierno. Viaje por Asturias.

La Playa del Silencio es una de la dos playas escondidas de las que les hablaré hoy.

Cuando era pequeño, siempre que alguien me preguntaba si prefería la playa o la montaña respondía con la segunda opción. En mi mente, playa era sinónimo de las multitudes abarrotándose en verano. Sin embargo, en invierno las playas sufren -o tal vez sería más apropiado decir disfrutan- de una metamorfosis que las hace sumamente atractivas. La playa en invierno sí que me gusta, y mucho.

Ayer llegué a Asturias, donde voy a pasar unos días disfrutando de paisajes muy variados. Por la tarde estuve paseando por la costa, especialmente por un lugar con un nombre que difícilmente podría ser más evocador: la Playa del Silencio.

Es extraño hablar de silencio cuando estamos en el Cantábrico, un mar bravo por ser el extremo meridional del Atlántico Norte, un entorno donde es fácil presenciar el espectaculo de las olas rompiendo contra las rocas. Pero hay que tener en cuenta que esto es posible gracias a la morfología de esta playa, que queda cerrada en sus extremos por peñascos, que son como paréntesis que permiten al visitante afortunado hacer eso mismo en su viaje, o al vecino abstraerse de su rutina.

Cuando se camina por la Playa del Silencio el nombre deja de ser apropiado.

Pese a ser bastante conocida, esta playa sigue siendo solitaria por no tener acceso rodado (se llega caminando desde el pueblo de Castañeras) y ser de canto rodado. Estéticamente es de las playas que más me han gustado del litoral asturiano.

Justo antes de anochecer he tenido tiempo de visitar otra playa, más solitaria todavía y mucho menos conocida: es la playa de Oleiros, justo al este del pueblo de Salamir.

Para llegar hay que dejar el coche en la carretera y caminar unos 15 minutos por el interior de un bosque de pinos. Finalmente hay que bajar unas escaleras que nos permiten salvar el acantilado. Esta pequeña dificultad de acceso lejos de ser un inconveniente es lo que la ha mantenido a salvo de las multitudes, incluso en verano.

De esta playa me ha gustado especialmente el hecho de que cuenta con un riachuelo que la corta en dos.

El camino por el que se accede a la Playa de Oleiros. Un secreto del que disfrutan sus vecinos.

La de Oleiros es una de las playas más escondidas del litoral asturiano.

Yo me quedaría con estas dos, pero entiendo que hay gente que le gusta tener cerca la civilización. Para esos casos existen playas como la de San Pedro de la Ribera, que cuenta con un camping homónimo. Además es de arena y dispone de un pequeño campo de hierba para quien lo prefiera.

A pocos kilómetros, la cercana playa de la Concha de Artedo, es otra opción civilizada que dispone de un hotel-restaurante (el Mariño). Restaurante, por cierto, en el que ofrecen unos lenguados de roca a la plancha de casi 60cm que son un motivo de visita en si mismos. Yo por poco no dejo ni la espina.

Aquellos de ustedes que me conocen tal vez se preguntarán si he hecho alguna foto de los cielos estrellados. La respuesta es afirmativa. Pese a que la noche comenzó lloviendo, al final he podido aprovechar la última hora. He conseguido alguna cosa interesante. En los próximos días lo publicaré.

Prosigo mi viaje. En unos minutos cambio la playa por la montaña. Les mantendré informados.