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lunes, 2 de septiembre de 2013
Una habitación con vistas
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Bolivia
jueves, 25 de julio de 2013
Verano estelar
El pensador estelar. Bolivia, 2013.
Durante este agosto que está a punto de comenzar muchos de ustedes
dispondrán de algunos días libres para dedicar a aquellas cosas que
durante el resto del año son solo deseos dejados de lado por culpa de las
obligaciones del trabajo.
Me gustaría proponerles que dediquen alguna noche despejada (especialmente alrededor de la primera semana del mes, pues hay luna nueva) a disfrutar de uno de los mayores placeres que un ser humano consciente de su existencia puede disfrutar: la contemplación de nuestra galaxia Vía Láctea.
Es un placer gratuito (si no contamos los muchos kilómetros que desgraciadamente hay que recorrer en Europa para encontrar cielos no contaminados lumínicamente) y que seguramente les dará energía para una buena temporada.
El verano del hemisferio norte es uno de los mejores momentos para observar el cielo. El centro de nuestra galaxia es visible, la temperatura más alta hace más cómoda la experiencia y se dispone de más tiempo libre.
Les propongo un pequeño experiemento para esa noche: Imaginen dos huevos fritos unidos por su base. Esa es aproximadamente la forma que tiene nuestra galaxia. Si ahora miran esos dos huevos fritos de canto parecen una franja con una parte central más ancha. Les sugiero que tengan en mente esta imagen cuando se encuentren bajo la Vía Láctea. A continuación intenten comprender que nuestro Sol no es más que una entre unas 400 mil millones de estrellas que forman esa galaxia. Finalmente piensen que en el universo observable se conoce un número similar de otras galaxias.
¡Les deseo un verano estelar!
Me gustaría proponerles que dediquen alguna noche despejada (especialmente alrededor de la primera semana del mes, pues hay luna nueva) a disfrutar de uno de los mayores placeres que un ser humano consciente de su existencia puede disfrutar: la contemplación de nuestra galaxia Vía Láctea.
Es un placer gratuito (si no contamos los muchos kilómetros que desgraciadamente hay que recorrer en Europa para encontrar cielos no contaminados lumínicamente) y que seguramente les dará energía para una buena temporada.
El verano del hemisferio norte es uno de los mejores momentos para observar el cielo. El centro de nuestra galaxia es visible, la temperatura más alta hace más cómoda la experiencia y se dispone de más tiempo libre.
Les propongo un pequeño experiemento para esa noche: Imaginen dos huevos fritos unidos por su base. Esa es aproximadamente la forma que tiene nuestra galaxia. Si ahora miran esos dos huevos fritos de canto parecen una franja con una parte central más ancha. Les sugiero que tengan en mente esta imagen cuando se encuentren bajo la Vía Láctea. A continuación intenten comprender que nuestro Sol no es más que una entre unas 400 mil millones de estrellas que forman esa galaxia. Finalmente piensen que en el universo observable se conoce un número similar de otras galaxias.
¡Les deseo un verano estelar!
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miércoles, 17 de julio de 2013
El tirachinas galáctico
El tirachinas galáctico. Bolivia, 2013.
El movimiento del Universo está gobernado por ecuaciones que pueden escribirse sobre una vieja locomotora de tren. Tal vez crean que algo tan matemático puede ser aburrido, pero deben saber que en realidad el determinismo puede dar lugar a fenómenos con mucha más magia de la que puedan imaginar.
Aunque parezca la idea de un lunático las galaxias pueden ser lanzadas con tirachinas. Me explicaré, tradicionalmente las Nubes de Magallanes se han considerado galaxias satélite de nuestra querida Vía Láctea, sin embargo hace unos años se midió el movimiento real de las mismas y se vio que era demasiado rápido para que esta hipótesis fuera cierta.
Las Nubes de Magallanes pasan cerca de nuestra Galaxia, pero esta no va a poder atraparlas definitivamente. Sin embargo sí que va a poder darles un fuerte impulso que cambiará su trayectoria, desviándolas de su destino inicial y mandándolas a otro lugar del cosmos, como impulsadas por un tirachinas galáctico.
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lunes, 8 de julio de 2013
Yesterday's newspaper
No todo el mundo vive igual. De hecho, ni siquiera todo el mundo vive en el mismo tiempo.
He pasado una semana en un lugar donde se vive de forma similar a como se vivia en Europa en el siglo XVI. Ya les he hablado en alguna ocasión de las colonias menonitas de Bolivia, así que ahora no voy a hacerlo.
Ilustro esta entrada con una foto de una anterior visita, ya que las nuevas fotografías están ahora en la redacción de un medio que me dijo que estaba interesado en el tema. A ver si hay suerte y las pueden ver sobre papel dentro de un tiempo (bastante, ya les aviso). En principio esta misma semana vuelvo a entrar en la máquina del tiempo.
Cuando uno viaja a ese lugar desconecta obligatoriamente de todo, ya que no llega señal de teléfono y sus habitantes no disponen de radios ni televisores.
Al salir de las colonias tomé un tren y durante el viaje escuche en mi reproductor de mp3 un programa de noticias que había descargado de Internet antes de dicha estadía. Me encontré escuchando con sumo interés las noticias de una semana atrás. ¡El yesterday's newspaper a veces puede ser muy valioso!
He pasado una semana en un lugar donde se vive de forma similar a como se vivia en Europa en el siglo XVI. Ya les he hablado en alguna ocasión de las colonias menonitas de Bolivia, así que ahora no voy a hacerlo.
Ilustro esta entrada con una foto de una anterior visita, ya que las nuevas fotografías están ahora en la redacción de un medio que me dijo que estaba interesado en el tema. A ver si hay suerte y las pueden ver sobre papel dentro de un tiempo (bastante, ya les aviso). En principio esta misma semana vuelvo a entrar en la máquina del tiempo.
Cuando uno viaja a ese lugar desconecta obligatoriamente de todo, ya que no llega señal de teléfono y sus habitantes no disponen de radios ni televisores.
Al salir de las colonias tomé un tren y durante el viaje escuche en mi reproductor de mp3 un programa de noticias que había descargado de Internet antes de dicha estadía. Me encontré escuchando con sumo interés las noticias de una semana atrás. ¡El yesterday's newspaper a veces puede ser muy valioso!
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martes, 25 de junio de 2013
Einstein en un cementerio de trenes. Fotos para pensar.
Einstein en un cementerio de trenes. Bolivia, 2013.
No creo que haya muchos físicos que no se emocionen al ver esta escena. (Pueden pinchar en la foto para verla más grande).
A veces viajar nos devuelve a los orígenes. Yo como físico tuve este
encuentro con mi pasado en un antiguo cementerio de trenes de Bolivia.
Todos los que hayan estudiado física alguna vez, ni que sea a nivel escolar, sabrán que los trenes son omnipresentes en sus problemas.
Todos los que hayan estudiado física alguna vez, ni que sea a nivel escolar, sabrán que los trenes son omnipresentes en sus problemas.
A nivel básico
suelen aparecer en problemas de cinemática (si el tren A sale a las 9
de la mañana y el tren B...) o cuando se estudian los sistemas de
referencia inerciales. Pero en física universitaria los trenes siguen
estando presentes, sobretodo en problemas de Relatividad Especial.
La ecuación que aparece pintada en el viejo tren es de Relatividad General. Se trata de las ecuaciones de campo de Einstein. Digo ecuaciones porque aunque a simple vista parezca una sola ecuación, en realidad se trata de una forma compacta de escribir 10 ecuaciones (*).
El significado de esta ecuación se puede entender sin necesidad de saber las complejas matemáticas necesarias para trabajar con ella.
A grandes rasgos significa que la gravedad es el resultado de la curvatura del espacio-tiempo (expresada de forma matemática en el lado izquierdo de la ecuación vía el tensor de Ricci y la métrica) producida por la presencia en este último de masa-energía (expresada en el lado derecho de la ecuación vía el tensor de energía-momento).
La ecuación que aparece pintada en el viejo tren es de Relatividad General. Se trata de las ecuaciones de campo de Einstein. Digo ecuaciones porque aunque a simple vista parezca una sola ecuación, en realidad se trata de una forma compacta de escribir 10 ecuaciones (*).
El significado de esta ecuación se puede entender sin necesidad de saber las complejas matemáticas necesarias para trabajar con ella.
A grandes rasgos significa que la gravedad es el resultado de la curvatura del espacio-tiempo (expresada de forma matemática en el lado izquierdo de la ecuación vía el tensor de Ricci y la métrica) producida por la presencia en este último de masa-energía (expresada en el lado derecho de la ecuación vía el tensor de energía-momento).
En realidad la ecuación pintada en el tren está incompleta. La forma completa es:
El
elemento que falta es la famosa constante cosmológica. Es famosa porque
Einstein la añadió para dar cuenta del Universo estático, que era como
en aquella época se creía que era el Universo. Cuando en 1929 Edwin
Hubble descubrió que el Universo se expande Einstein se tiró de los
pelos: ¡¡de haber sido más fiel a sus ecuaciones habría descubierto
dicha expansión con un papel y un lápiz!! Einstein dijo que había sido
el peor error de su vida.
Sin embargo ese error finalmente ha resultado ser un acierto, aunque de una forma tan extraña que tomó a todo el mundo por sorpresa: Desde hace poco más de una década se sabe que el Universo no solo se expande sino que además lo hace de forma acelerada. La energía para esa aceleración procede precisamente de dicha constante, que por lo tanto existe de verdad. Esto quiere decir algo muy sorprendente: ¡Que el espacio vacío tiene energía! ¡Que la nada pesa! Esa energía es la mejor candidata a energía oscura que hipotéticamente representa casi el 70% de todo el Universo. Del poco más del 30% restante casi el 27% sería materia oscura, quedando menos de un 5% de lo que llamamos materia "normal" (de la que estamos hechos nosotros y las estrellas) que visto lo visto es el componente más raro (en el sentido de escaso) del Universo.
(*) el motivo es que la ecuación contiene tensores, que en este caso son unos objetos con dieciséis componentes, diez de las cuales independientes de las otras y que proporcionan las diez ecuaciones.
Nota: Esta entrada está dedicada a mi amigo MP quien al igual que yo tras dedicarse a la física profesionalmente decidió cambiar de camino. Hoy en día entre paciente y paciente -ahora es médico- sigue dando vueltas a estas ecuaciones. ¡Por conversaciones que hemos tenido no me extrañaría que dentro de un tiempo su nombre saliera en los periódicos!
Sin embargo ese error finalmente ha resultado ser un acierto, aunque de una forma tan extraña que tomó a todo el mundo por sorpresa: Desde hace poco más de una década se sabe que el Universo no solo se expande sino que además lo hace de forma acelerada. La energía para esa aceleración procede precisamente de dicha constante, que por lo tanto existe de verdad. Esto quiere decir algo muy sorprendente: ¡Que el espacio vacío tiene energía! ¡Que la nada pesa! Esa energía es la mejor candidata a energía oscura que hipotéticamente representa casi el 70% de todo el Universo. Del poco más del 30% restante casi el 27% sería materia oscura, quedando menos de un 5% de lo que llamamos materia "normal" (de la que estamos hechos nosotros y las estrellas) que visto lo visto es el componente más raro (en el sentido de escaso) del Universo.
(*) el motivo es que la ecuación contiene tensores, que en este caso son unos objetos con dieciséis componentes, diez de las cuales independientes de las otras y que proporcionan las diez ecuaciones.
Nota: Esta entrada está dedicada a mi amigo MP quien al igual que yo tras dedicarse a la física profesionalmente decidió cambiar de camino. Hoy en día entre paciente y paciente -ahora es médico- sigue dando vueltas a estas ecuaciones. ¡Por conversaciones que hemos tenido no me extrañaría que dentro de un tiempo su nombre saliera en los periódicos!
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lunes, 6 de agosto de 2012
Fotos de las Fiestas Pátrias de Bolivia 2012... en Barcelona
Ayer tuve el placer de asistir a las Fiestas Pátrias de Bolivia en Barcelona. Los miles de bolivianos que viven aquí celebraron en el Forum de
Barcelona el 187 aniversario de la proclamación de la Independencia de
su país.
He visitado Bolivia en varias ocasiones y lo
considero uno de los países más fantásticos de todo el planeta. Ayer, por
momentos tenía la sensación de estar en La Paz, Cochabamba, Sucre o Santa Cruz, y supongo que de eso se
trataba.
Espero regresar una vez más el año próximo (a Bolivia, no al Forum). Les dejo con unas
fotos que tomé en la fiesta.
martes, 3 de julio de 2012
¿Quién sabe dónde? Resultados de la Sexta Jornada de nuestra Liga
En la última prueba les pedíamos identificar la localización de cinco fotografías. En los pies de foto tienen las respuestas correctas:
El Alto, Bolivia.
Luarca, España.
Caye Caulker, Belice.
Berlín, Alemania.
Concepción, Paraguay.
Sus resultados por orden de llegada han sido:
David Álvarez, 2 puntos
Albert, 10 puntos
Ángel M. Bermejo, 9 puntos
Quedando la clasificación general como sigue:
Les agradezco mucho su participación. Si desean comentar la jugada o insultar al árbitro son libres de hacerlo en los comentarios. Nos vemos en la próxima jornada.
martes, 10 de abril de 2012
La Laguna Colorada. Bolivia.
A casi 4300 metros de altitud, tocando el cielo del suroeste del
altiplano boliviano, existe una laguna rodeada por una aridez extrema.
Se parece a otras lagunas del Altiplano salvo por un detalle: es roja. O
tal vez naranja... En realidad, cada vez que se visita, incluso en un
mismo día, el color no es exactamente el mismo sino que recorre toda la
gama de tonos que va del naranja al granate.
Situada dentro de la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa, en
el suroeste del departamento de Potosí, la laguna colorada tiene una
superficie de unos 60 km2 y una profundidad media de tan solo 35 cm.
La coloración característica se debe a la presencia del alga Dunaliella
salina que, para poder sobrevivir a la intensa radiación ultravioleta a
esa altitud, produce una enorme cantidad de beta-caroteno, el mismo
pigmento que da el color naranja a las zanahorias. Otra responsable del
color es una alga cianofícea rica en pigmentos de ficoeritrina, una
proteína roja. Los cambios de temperatura y de radiación solar durante
el día causan la floración de estas algas, dando lugar a las variaciones
en la coloración.Llegué a la zona aprovechando que a uno de los 4x4 de las agencias que ofrecen recorridos por la zona le sobraba un asiento. La región es inmensa y hay infinidad de caminos de tierra, siendo muy fácil perderse.
Pasé la noche en un sencillo hospedaje muy cerca de la orilla sur. Era
para estar contento, la noche anterior la había pasado en una cantina,
durmiendo sobre una mesa larga ya que no existía nada en muchos
kilómetros a la redonda. Esa fue una noche bastante interesante, cuyo
relato prefiero dejar para otra ocasión.
Tras dejar mi mochila en la habitación salí a pasear por la orilla para intentar acercarme a los flamencos que habitan la laguna. Me arrastré por el suelo los últimos metros para no asustar a las aves y, así, poder observar su comportamiento.
Tras dejar mi mochila en la habitación salí a pasear por la orilla para intentar acercarme a los flamencos que habitan la laguna. Me arrastré por el suelo los últimos metros para no asustar a las aves y, así, poder observar su comportamiento.
El espectáculo es máximo en el verano austral, de diciembre a abril,
cuando el número de flamencos puede superar los 20.000 ejemplares. En
invierno, de mayo a agosto, el número cae dramáticamente hasta unos
pocos cientos.
De las seis especies de flamencos existentes en el mundo, tres se encuentran en esta laguna. El más abundante es el flamenco de James (Phoenicoparrus jamesi), también conocido como parina chica, el cual representa el 90% de los ejemplares. El 10% restante son de la especie flamenco chileno (Phoenicoparrus chilensis) y flamenco andino (Phoenicoparrus andinus), también conocido como puna grande.
El entorno es increíble. A esa altitud, la poca densidad de la atmósfera se ve incapaz de conservar el calor y, por la noche, la temperatura baja hasta muchos grados bajo cero. ¿Pueden imaginar la belleza de los cielos estrellados que allí se observan?
De las seis especies de flamencos existentes en el mundo, tres se encuentran en esta laguna. El más abundante es el flamenco de James (Phoenicoparrus jamesi), también conocido como parina chica, el cual representa el 90% de los ejemplares. El 10% restante son de la especie flamenco chileno (Phoenicoparrus chilensis) y flamenco andino (Phoenicoparrus andinus), también conocido como puna grande.
El entorno es increíble. A esa altitud, la poca densidad de la atmósfera se ve incapaz de conservar el calor y, por la noche, la temperatura baja hasta muchos grados bajo cero. ¿Pueden imaginar la belleza de los cielos estrellados que allí se observan?
Geiser bajo la Vía Láctea
jueves, 20 de octubre de 2011
La carretera del TIPNIS. La conciencia ecológica también se aprende.
La primera vez que viajé a Bolivia, me llamó la atención la cantidad de vendedoras de comida que suben en cualquier trayecto de bus. Cuando digo comida no me refiero a galletas o helados -aunque eso también lo venden, claro-, sino a bolsas de plástico y recipientes rígidos del mismo material, llenos del manjar más común en ese país andino-selvático(*): el arroz con pollo.
En uno de esos viajes, mientras los pasajeros compraban a esas vendedoras el almuerzo, el conductor del bus, aprovechando una breve parada para que subieran unos pasajeros, se levantó y gritó: "¡Tengan cultura! ¡No quiero que nadie bote la basura en el piso!, ¿ya? ¡La basura se bota..!", en ese instante la reprimenda del conductor se vio interrumpida por la mayoría de pasajeros, que pareciendo integrantes de un coro gritaron al unísono: "¡Siiiiiií, ya sabemos! ¡La basura se bota por la ventana!"
Tengo que reconocer que cuando presencié esta escena me hizo mucha gracia. Aún hoy día no puedo evitar sonreír cuando recuerdo la anécdota. Pero en realidad el tema es serio. Efectivamente, los laterales de las carreteras de Bolivia están sembrados de millones de bolsas y todo tipo de envases de plástico.
Bolivia es uno de los países con más riqueza ecológica del mundo y posee grandes extensiones de naturaleza virgen. Tengo entendido que solo un 10% de las carreteras del país están asfaltadas(**) y soy testigo indirecto de que uno se puede topar con un puma o un jaguar, a pocos kilómetros de la ciudad.
No obstante, cada vez que regreso a Bolivia me doy cuenta de que la mentalidad de sus habitantes mejora en este aspecto. El mes pasado estuve unos días de paso por el país y en Santa Cruz tuve la oportunidad de presenciar una manifestación para la protección del TIPNIS.
El TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure) se encuentra en la frontera entre los departamentos del Beni y Cochabamba. Estos últimos meses su presencia en los medios de comunicación es frecuente debido a un proyecto de carretera que pretende cruzarlo. Además, el TIPNIS tiene problemas de deforestación asociados al cultivo de coca.
Pero Bolivia se mueve. Una marcha que salió de Trinidad -la capital del Beni-, llegó ayer a La Paz -tras 65 días de caminata-, para exigir la protección del parque. Cuando estuve en Santa Cruz, me gustó mucho ver la enorme cantidad de jóvenes que había en la manifestación. Sobretodo porque la pirámide poblacional de Bolivia tiene forma de pirámide. Y eso quiere decir que el futuro promete.
La carretera se ha suspendido temporalmente y parece ser que se hará un referendum para decidir su futuro.
(*) mucha gente dice "país andino" para referirse a Bolivia, pero eso sería como llamar a España el país pirenaico. Los Andes bolivianos existen sí (y me encantan, que quede claro), pero el oriente boliviano también.
(**) mi trasero no se extraña de este dato después de centenares de horas de viaje en bus.
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martes, 14 de junio de 2011
Este sábado, taller en la Universitat Jaume I

La Universitat Jaume I me ha invitado a realizar un taller de fotografía de 4 horas en Castelló de la Plana. El taller es uno más de la serie Microtalleres en la que han participado fotógrafos de la talla de Navia o Gervasio Sánchez. La actividad tendrá lugar el próximo sábado día 18 de Junio de 10h a 14h.
Tengo pensado hablar de cómo se hacen algunos reportajes, y entre muchas otras cosas, contaré como hice fotos como la que ilustran este post. Por cierto, ¿leyeron ya la entrevista que me hicieron al respecto en Quesabesde?
Qué: Microtaller de 4h en la Universitat Jaume I
Cuándo: Sábado día 18 de Junio de 2011 a las 10h
Dónde: Sala de actas del Centro Social San Isidro. Caja Rural de Castellón. Calle Enmedio, 49 12001 Castelló de la Plana
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lunes, 2 de mayo de 2011
La carretera de la muerte. Resultados de la Cuarta Jornada de nuestra Liga
Llegó el momento de desvelar el enigma que les propuse en la Cuarta Jornada. El país es Bolivia, concretamente en la zona de los Yungas. El camión toma la carretera de ripio porqué, según los propios conductores de la ruta, por el camino viejo se tarda 30 minutos menos y además se dispone de abundante agua (de las cascadas) para refrigerar el motor. Me refiero, claro está, a la famosa carretera de la muerte, la peligrosísima ruta que conecta La Paz con la selva del noroeste boliviano.
Hoy me limito a darles solo estos datos referentes a las preguntas de la Liga, pero permanezcan atentos a este blog porqué muy pronto les contaré más sobre esta historia y sus protagonistas, así como algunos detalles en primera persona sobre cómo se transita por esta carretera. Les aseguro que merece la pena.
Los resultados de esta jornada han sido, por orden de recepción:
JC, 10 puntos
Paco Nadal, 0 puntos
Igniszz, 10 puntos
Rafa Pérez, 1 punto
Bufaforat, 5 puntos
Desanchá, 10 puntos
Ángel M. Bermejo, 10 puntos
Andrés, 0 puntos
Oddiseis, 1 punto
Albert, 10 puntos
Y la clasificación general queda:
Como dijo Guillamat en los comentarios, mostré esta foto en la conferencia que di en el Institut d'Estudis Catalans el año pasado, así que había gente con ventaja en esta ocasión.
Como siempre, pueden comentar la jugada en los comentarios e incluso insultar al árbitro si lo desean. ¡Hasta la próxima Jornada!
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miércoles, 20 de octubre de 2010
Esta noche cenaré bajo un dinosaurio

Tengo la alegría de anunciarles que la foto que ilustra esta entrada ha sido merecedora de un Highly Commended en el Wildlife Photographer of the Year 2010.
Se trata de unos cactos gigantes en el altiplano boliviano. El paisaje blanco de alrededor es el salar de Uyuni, inundado tras la estación de las lluvias. Algunos de estos cactos pueden superar los 10 metros de altura y unos pocos el milenio edad(*).
Aunque no se trate de un primer premio, me hace mucha ilusión por la dificultad -este año se han presentado más de 30 mil fotografías- y el altísimo nivel de las imágenes.
Ayer llegué a Londres para, entre otras cosas, asistir a la ceremonia de entrega de premios en el Museo de Historia Natural. Ya tuve el honor de ser premiado en el mismo concurso en 2007 y me encantó ver la exposición y asistir a una ceremonia muy particular: En la sala principal del Museo se organizan las mesas para compartir cena con algunos de los mejores fotógrafos de naturaleza del mundo, y los editores de las principales publicaciones especializadas. Mientras, en una gran pantalla, se exhiben las fotografías ganadoras del año y se reparten los premios. Todo esto bajo la atenta mirada del gigantesco esqueleto de un Diplodocus carnegii, que preside la sala pero no la ceremonia. Espero que esta noche se repita el lugar de la cena. Ya les contaré.
La exposición estará abierta del 22 de octubre hasta el 11 de marzo de 2011. Si tienen pensado ir a Londres entre esas fechas les recomiendo que vayan a verla. Sino, sepan que luego la exposición va a dar la vuelta al mundo. Tal vez pase cerca de su localidad.
(*) Este dato se me hace difícil de creer, pero ya lo he visto en más de un lugar. Si hay algún botánico entre los lectores, me gustaría saber su opinión.
lunes, 8 de febrero de 2010
Dos de mis fotos en "Les Sommets de l'Image"
Por cuarto aٌño consecutivo, Courchevel, una zona de esquí de los Alpes franceses, acoge "Les Sommets de l'Image", una exposición al aire libre de fotografía de naturaleza. Las copias son gigantescas -de varios metros cuadrados- y su colorido contrasta fuertemente con el blanco de la nieve.
Grades fotógrafos como Art Wolfe, Frans Lanting o David Doubilet han participado con sus fotografías en este evento. Este añٌo, Erik Sampers, editor de fotografía de la revista Terre Sauvage y comisario de la exposición, ha seleccionado dos de mis imágenes de la altiplanicie boliviana. Además, ambas fotografías han sido publicadas en sendas dobles páginas de la mencionada revista, una de las más prestigiosas de su tipo. La exposiciَón dura hasta el 25 de abril. Si no les es posible visitarla, pueden ver las 65 fotos seleccionadas aquí.
Flamencos en la Laguna Colorada.
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lunes, 18 de enero de 2010
Entrevista en Radio Euskadi
Levando anclas es un programa sobre viajes de Radio Euskadi. Roge Blasco, su director y presentador, lleva más de 25 años en antena con este programa.
Ayer se emitió una pequeña entrevista sobre alguno de mis viajes. Si les apetece escucharla, aquí la tienen.
Entrevista a Jordi Busqué en "Levando Anclas"
Nota: Si lo prefieren, también puede descargarse en mp3. Para ello deben clicar con el botón derecho del ratón sobre el siguiente enlace y seleccionar "guardar destino como..."
Entrevista a Jordi Busqué en "Levando anclas" de Radio Euskadi
Ayer se emitió una pequeña entrevista sobre alguno de mis viajes. Si les apetece escucharla, aquí la tienen.
Entrevista a Jordi Busqué en "Levando Anclas"
Nota: Si lo prefieren, también puede descargarse en mp3. Para ello deben clicar con el botón derecho del ratón sobre el siguiente enlace y seleccionar "guardar destino como..."
Entrevista a Jordi Busqué en "Levando anclas" de Radio Euskadi
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lunes, 21 de diciembre de 2009
Una familia amish en la selva. Cuarta (y última) parte.
Nota: Esta es la última parte de un relato que tiene una primera, segunda y tercera partes prévias.
Un ruido me despertó. Todavía estaba completamente oscuro pero no tenía ni idea de qué hora era. Entre el rumor de una lluvia ligera distinguí el sonido de unos pasos fuera de la cabaña. Agudicé el oído y escuché más pasos y unas voces. Eran los niños hablando. Encendí la linterna, eran las cuatro y media. Unos meses antes había pasado una temporada larga con los menonitas. Estaba claro que los amish eran igual de madrugadores. Aparté la mosquitera, me puse las botas y salí fuera. Fui a la cabaña principal, todos estaban levantados y las mujeres calentaban agua en la cocina. Tras tomar el desayuno, la luz del alba ya permitía caminar por el exterior sin ayuda de la linterna. Todos comenzaron las tareas del día.
Los niños se quedaron en la mesa del comedor. Esta era su escuela y Esther su maestra. Utilizaban libros traídos de EEUU. Curioseé los de ciencias. No me extrañó mucho ver que se trataba de libros creacionistas, bastante abundantes en el país supuestamente más desarrollado del planeta. Preferí no hacer ningún comentario, sobretodo por respeto a la hospitalidad que me habían demostrado.
Al cabo de un rato, comenzó a llover fuerte de nuevo. Poco a poco el resto de la familia fueron entrando en la casa. Todos excepto Abraham, que paseaba bajo un paraguas por los campos que rodeaban la cabaña. Como no se podía trabajar en condiciones, la familia se sentó en torno a la mesa y comenzaron a entonar cantos religiosos durante un buen rato. De repente, un rayo cayó muy cerca de la casa, el trueno fue ensordecedor, el mayor que haya escuchado nunca. Esther dijo que creía que había caído sobre el tejado de calamina. Le comenté que la actitud de Abraham, paseando por el campo bajo el paraguas, era como mínimo imprudente. Ella salió al porche y lo llamó. Abraham no hacía ni caso. Un nuevo rayo cayó de nuevo cerca, aunque no tanto como el anterior. Esther y Elisabeth perdieron los nervios y comenzaron a gritar a Abraham, que seguía ensimismado en su mundo. Al cabo de un buen rato regresó. Parecía no darse cuenta de los riesgos.
Esther se dedicó a ordenar la casa. Debido a la lluvia, unas tarántulas del tamaño de una mano pequeña, se habían refugiado en varios rincones de la casa. Esther incluso encontró una entre las sábanas de una cama que hacía tiempo que no se usaba. Les dijo a los chicos que la mataran, ya que eran peligrosas. Cuando fotografié la que ven más abajo, me advirtieron que si levantaba una de las patas debía apartarme. Significaba que iba a saltar hacia mi para picarme.
Una de las tarántulas que se vieron aquel día de lluvia. Fíjense que ya tiene una pata levantada, señal de que está a punto de saltar sobre el sufrido fotógrafo.
Tras la comida, Esther se fue a hacer la colada al río. Allí le pregunté sobre los motivos que le llevan a vivir de esta forma. -Para estar cerca de Dios, me dijo. -En ningún otro lugar podría encontrar esta paz y soledad. No me importa lo que tengo, no me importa mi ropa ni me importa mi cuerpo. Yo no soy de aquí. Soy del cielo. Sonrió y señalando el balde metálico en el que enjuagaba la ropa, que perdía agua por un orificio, exclamó: -¡Aunque quizás este recipiente sea demasiado sencillo!
Me impresionó el convencimiento de sus palabras. Esto era más que fe, era convencimiento absoluto. Como agnóstico -ateo a la práctica- que soy no pude evitar pensar si alguna vez se planteaba la posibilidad de que todo fuese una gran mentira. No osé preguntar y ahora me arrepiento.
Un ruido me despertó. Todavía estaba completamente oscuro pero no tenía ni idea de qué hora era. Entre el rumor de una lluvia ligera distinguí el sonido de unos pasos fuera de la cabaña. Agudicé el oído y escuché más pasos y unas voces. Eran los niños hablando. Encendí la linterna, eran las cuatro y media. Unos meses antes había pasado una temporada larga con los menonitas. Estaba claro que los amish eran igual de madrugadores. Aparté la mosquitera, me puse las botas y salí fuera. Fui a la cabaña principal, todos estaban levantados y las mujeres calentaban agua en la cocina. Tras tomar el desayuno, la luz del alba ya permitía caminar por el exterior sin ayuda de la linterna. Todos comenzaron las tareas del día.
Los niños se quedaron en la mesa del comedor. Esta era su escuela y Esther su maestra. Utilizaban libros traídos de EEUU. Curioseé los de ciencias. No me extrañó mucho ver que se trataba de libros creacionistas, bastante abundantes en el país supuestamente más desarrollado del planeta. Preferí no hacer ningún comentario, sobretodo por respeto a la hospitalidad que me habían demostrado.
Al cabo de un rato, comenzó a llover fuerte de nuevo. Poco a poco el resto de la familia fueron entrando en la casa. Todos excepto Abraham, que paseaba bajo un paraguas por los campos que rodeaban la cabaña. Como no se podía trabajar en condiciones, la familia se sentó en torno a la mesa y comenzaron a entonar cantos religiosos durante un buen rato. De repente, un rayo cayó muy cerca de la casa, el trueno fue ensordecedor, el mayor que haya escuchado nunca. Esther dijo que creía que había caído sobre el tejado de calamina. Le comenté que la actitud de Abraham, paseando por el campo bajo el paraguas, era como mínimo imprudente. Ella salió al porche y lo llamó. Abraham no hacía ni caso. Un nuevo rayo cayó de nuevo cerca, aunque no tanto como el anterior. Esther y Elisabeth perdieron los nervios y comenzaron a gritar a Abraham, que seguía ensimismado en su mundo. Al cabo de un buen rato regresó. Parecía no darse cuenta de los riesgos.
Esther se dedicó a ordenar la casa. Debido a la lluvia, unas tarántulas del tamaño de una mano pequeña, se habían refugiado en varios rincones de la casa. Esther incluso encontró una entre las sábanas de una cama que hacía tiempo que no se usaba. Les dijo a los chicos que la mataran, ya que eran peligrosas. Cuando fotografié la que ven más abajo, me advirtieron que si levantaba una de las patas debía apartarme. Significaba que iba a saltar hacia mi para picarme.
Una de las tarántulas que se vieron aquel día de lluvia. Fíjense que ya tiene una pata levantada, señal de que está a punto de saltar sobre el sufrido fotógrafo.Tras la comida, Esther se fue a hacer la colada al río. Allí le pregunté sobre los motivos que le llevan a vivir de esta forma. -Para estar cerca de Dios, me dijo. -En ningún otro lugar podría encontrar esta paz y soledad. No me importa lo que tengo, no me importa mi ropa ni me importa mi cuerpo. Yo no soy de aquí. Soy del cielo. Sonrió y señalando el balde metálico en el que enjuagaba la ropa, que perdía agua por un orificio, exclamó: -¡Aunque quizás este recipiente sea demasiado sencillo!
Me impresionó el convencimiento de sus palabras. Esto era más que fe, era convencimiento absoluto. Como agnóstico -ateo a la práctica- que soy no pude evitar pensar si alguna vez se planteaba la posibilidad de que todo fuese una gran mentira. No osé preguntar y ahora me arrepiento.
Hacía un rato que tenía en mente las tarántulas que había visto durante todo el día. Por la mañana no había pensado en dejar la mosquitera cerrada, así que fui a mi dormitorio preocupado por la posibilidad de que alguna de ellas se hubiera colado en mi cama.
Aparté las sábanas con cuidado y no había nada. Luego miré entre el borde del colchón y el somier y no solo había una, sino un nido con varias crías de menor tamaño, pero que igualmente imponían mucho respeto. Me di cuenta que la noche anterior había dormido con ellas.
Le pregunté a Jacob sobre la peligrosidad de su picada. -Puede ser mortal (*), me dijo. -En 45 minutos uno ya está muy mal, añadió. Estaba a muchas horas de un pueblo y a varios días de un hospital decente. Pensé que ya era suficiente. Me habían pasado demasiadas cosas durante los últimos meses y ya estaba cansado de los peligros. Ya había visto como vivía la familia y tenia suficientes fotos para ilustrarlo. Me despedí de ellos y comencé a caminar a través de la selva. Hablaba solo para avisar a los pumas y los jaguares, que en principio no quieren encontrarse con las personas. Al cabo de algo menos de una hora llegué a la pista de los leñadores. Contiué caminando con la esperanza de que algún vehículo me recogiera y llevara de nuevo a la civilización.
(*) Yo pensaba que las tarántulas no necesitaban ser muy venenosas debido a su tamaño. Si entre ustedes hay algún experto en estos bichos, le agradecería información al respecto, especialmente si con la foto pueden identificar la especie.
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miércoles, 16 de diciembre de 2009
Una familia amish en la selva. Tercera parte.
Nota: En caso que le interese comprender lo que sigue, antes debería leer las partes primera y segunda.
Por la tarde, Esther, los niños y yo íbamos camino del huerto. Los perros iban y venían alrededor nuestro. Esther se veía intranquila, pero no pregunté el motivo.
Al cabo de 15 o 20 minutos llegamos. El huerto es una extensión relativamente grande -tal vez media hectárea- de antigua selva que aclararon considerablemente. Donde antes había árboles y palmeras ahora hay maíz, judías, cacahuetes -que por si no lo sabían crecen bajo el suelo, yo me enteré entonces- y otros vegetales. Esther necesitaba sobretodo judías y maíz para la comida de mañana.
Los ruidos en la selva son muy comunes, así que cuando observé que Esther se giraba cada vez que se oía algo en el interior del bosque, me pareció raro. -¿Qué ocurre?, le pregunté. -Los chanchos de monte. Esta mañana los niños han escuchado muchos ruidos cerca de la casa y los perros han salido corriendo. Cuando actúan así se trata de chanchos de monte. Los persiguen pero no pueden hacer nada contra ellos, ya nos mataron un perro años atrás. Mejor que terminemos rápido y regresemos a la casa.
El calor era verdaderamente insoportable. En el interior de la selva, la oscuridad lo aplacaba, pero en el huerto no había sombra dónde refugiarse. Sudábamos a raudales. Comentamos que un sol tan fuerte presagiaba lluvias. En efecto, al cabo de una hora se nubló y comenzaron a escucharse truenos muy a lo lejos.
Pese a las prisas, regresamos cuando ya oscurecía. Entonces hice la que para mi es la mejor foto de mi visita. Es oscura (era durante el crepúsculo) y está movida (ellos se movían, y yo llevaba una cesta llena de panochas de maíz colgando del pulgar, mientras disparaba con la izquierda, mi única mano disponible entonces).
Pero incluso me gusta más así. Cada vez que la veo no puedo evitar preguntarme que estarán haciendo ahora y me provoca un montón de emociones y recuerdos. Pero claro, esto debería pasarle a alguien que no haya estado allí. Por eso la buena fotografía es tan difícil.
Cenamos sin mayor novedad. Tras la cena, Abraham estaba abstraído en unos dibujos y planos del molino de agua. Me llamó y comenzó a murmurar frases señalando su dibujo. Hablaba tan bajo que ni siquiera sé en qué idioma lo hacía. Este señor era un auténtico misterio. Parece que vivía en su mundo la mayor parte del tiempo. Un rato antes me había dicho, a través de Esther, que no le tomara ninguna foto más de frente, ni siquiera de lejos -por otra parte, hasta entonces solo de lejos le había tomado fotos-, cosa que obviamente no volví a hacer.
Los indicios de inminente tormenta eran cada vez más abundantes. El resplandor de relámpagos lejanos, seguido al cabo de unos segundos de los correspondientes truenos, eran cada vez más frecuentes. El comedor estaba lleno de bichos, algunos de ellos enormes, que entraban por las rendijas de la casa. Una especie de cucarachas aladas, del tamaño de una pastilla de jabón grande, intentaban trepar por las perneras de mis pantalones. Había llegado el momento de usar el repelente de mosquitos.
Fuimos a dormir. Me dejaron una de las cabañas con una cama y, afortunadamente, una mosquitera de buena calidad. Mi cabaña estaba a unos 50 metros de la casa. Me fui solo, iluminando el camino con una linterna frontal y caminando deprisa temiendo encontrarme con el brillo de unos ojos. Entré en la cabaña cerrando la puerta tras de mi. Como no tenía cierre y a veces soy bastante paranoico, puse un pequeño mueble bloqueando la puerta por si venia a visitarme un chancho de monte, un jaguar o Abraham con uno de sus machetes. Después me quité las botas y puse los calcetines bloqueando la caña, para no encontrarme ninguna sorpresa a la mañana siguiente (*).
Me metí en la cama y ajusté la mosquitera con mucho cuidado. Cerré la linterna y todo quedó a oscuras y en relativo silencio. De repente, comenzaron a escucharse las primeras gotas de agua golpeando las hojas. Al cabo de unos minutos la gran tormenta había llegado definitivamente. La luz de los relámpagos se colaba entre las rendijas de los tablones de las paredes, lo mismo que un intenso olor a lluvia que pronto lo impregnó todo. El reflejo de la luz en las hojas mojadas se veía por la ventana. La temperatura había bajado por fin y yo me encontraba muy cómodo tumbado en mi cama. Parece que iba a tener una buena noche.
Lea la Cuarta (y última) Parte.
(*) Pueden pensar que he visto demasiadas películas de Tarzán, pero el próximo día verán que fue una buena idea.
Por la tarde, Esther, los niños y yo íbamos camino del huerto. Los perros iban y venían alrededor nuestro. Esther se veía intranquila, pero no pregunté el motivo.
Al cabo de 15 o 20 minutos llegamos. El huerto es una extensión relativamente grande -tal vez media hectárea- de antigua selva que aclararon considerablemente. Donde antes había árboles y palmeras ahora hay maíz, judías, cacahuetes -que por si no lo sabían crecen bajo el suelo, yo me enteré entonces- y otros vegetales. Esther necesitaba sobretodo judías y maíz para la comida de mañana.
Los ruidos en la selva son muy comunes, así que cuando observé que Esther se giraba cada vez que se oía algo en el interior del bosque, me pareció raro. -¿Qué ocurre?, le pregunté. -Los chanchos de monte. Esta mañana los niños han escuchado muchos ruidos cerca de la casa y los perros han salido corriendo. Cuando actúan así se trata de chanchos de monte. Los persiguen pero no pueden hacer nada contra ellos, ya nos mataron un perro años atrás. Mejor que terminemos rápido y regresemos a la casa.
El calor era verdaderamente insoportable. En el interior de la selva, la oscuridad lo aplacaba, pero en el huerto no había sombra dónde refugiarse. Sudábamos a raudales. Comentamos que un sol tan fuerte presagiaba lluvias. En efecto, al cabo de una hora se nubló y comenzaron a escucharse truenos muy a lo lejos.
Pese a las prisas, regresamos cuando ya oscurecía. Entonces hice la que para mi es la mejor foto de mi visita. Es oscura (era durante el crepúsculo) y está movida (ellos se movían, y yo llevaba una cesta llena de panochas de maíz colgando del pulgar, mientras disparaba con la izquierda, mi única mano disponible entonces).
Pero incluso me gusta más así. Cada vez que la veo no puedo evitar preguntarme que estarán haciendo ahora y me provoca un montón de emociones y recuerdos. Pero claro, esto debería pasarle a alguien que no haya estado allí. Por eso la buena fotografía es tan difícil.
Cenamos sin mayor novedad. Tras la cena, Abraham estaba abstraído en unos dibujos y planos del molino de agua. Me llamó y comenzó a murmurar frases señalando su dibujo. Hablaba tan bajo que ni siquiera sé en qué idioma lo hacía. Este señor era un auténtico misterio. Parece que vivía en su mundo la mayor parte del tiempo. Un rato antes me había dicho, a través de Esther, que no le tomara ninguna foto más de frente, ni siquiera de lejos -por otra parte, hasta entonces solo de lejos le había tomado fotos-, cosa que obviamente no volví a hacer.
Los indicios de inminente tormenta eran cada vez más abundantes. El resplandor de relámpagos lejanos, seguido al cabo de unos segundos de los correspondientes truenos, eran cada vez más frecuentes. El comedor estaba lleno de bichos, algunos de ellos enormes, que entraban por las rendijas de la casa. Una especie de cucarachas aladas, del tamaño de una pastilla de jabón grande, intentaban trepar por las perneras de mis pantalones. Había llegado el momento de usar el repelente de mosquitos.
Fuimos a dormir. Me dejaron una de las cabañas con una cama y, afortunadamente, una mosquitera de buena calidad. Mi cabaña estaba a unos 50 metros de la casa. Me fui solo, iluminando el camino con una linterna frontal y caminando deprisa temiendo encontrarme con el brillo de unos ojos. Entré en la cabaña cerrando la puerta tras de mi. Como no tenía cierre y a veces soy bastante paranoico, puse un pequeño mueble bloqueando la puerta por si venia a visitarme un chancho de monte, un jaguar o Abraham con uno de sus machetes. Después me quité las botas y puse los calcetines bloqueando la caña, para no encontrarme ninguna sorpresa a la mañana siguiente (*).
Me metí en la cama y ajusté la mosquitera con mucho cuidado. Cerré la linterna y todo quedó a oscuras y en relativo silencio. De repente, comenzaron a escucharse las primeras gotas de agua golpeando las hojas. Al cabo de unos minutos la gran tormenta había llegado definitivamente. La luz de los relámpagos se colaba entre las rendijas de los tablones de las paredes, lo mismo que un intenso olor a lluvia que pronto lo impregnó todo. El reflejo de la luz en las hojas mojadas se veía por la ventana. La temperatura había bajado por fin y yo me encontraba muy cómodo tumbado en mi cama. Parece que iba a tener una buena noche.
Lea la Cuarta (y última) Parte.
(*) Pueden pensar que he visto demasiadas películas de Tarzán, pero el próximo día verán que fue una buena idea.
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jueves, 10 de diciembre de 2009
Una familia amish en la selva. Segunda parte.
Nota: Si no lo ha hecho todavía, le aconsejo que lea la primera parte.
Por suerte, tras el perro apareció una mujer que lo detuvo con solo llamarlo. Yo respiré aliviado. -La Sra Esther Peters, supongo..., pregunté al tiempo que recordaba el episodio de Henry Morton Stanley y David Livingston. -Así es, respondió ella. -Hola, me llamo Jordi Busqué y vengo de parte de su amiga Aganetha Kropp.
Aganetha (*) es una chica amish que vive con su hermana y algún otro familiar, a más de una semana de viaje río arriba en canoa. Al parecer el lugar es un auténtico paraíso, totalmente aislado del mundo, donde los jaguares y otros animales campan a sus anchas, sin nadie que los moleste. Esta chica puede pasar casi un año seguido aislada en la selva. Lo habitual es que cada seis u ocho meses haga un breve paréntesis para visitar la civilización y ver a algunos amigos y parientes durante unos días o semanas. Fue entonces cuando la conocí, una gran suerte teniendo en cuenta el poco tiempo que pasa en la civilización. Tanto aislamiento puede ser peligroso, me pareció. Ella me comentó que, a parte de toparse con animales peligrosos, en una ocasión había enfermado de forma muy grave -probablemente de malaria, aunque ella no sabe qué es eso- y que, cuando ya estaba a punto de morir, sus familiares fueron en busca de una curandera indígena que le dio un remedio a base de plantas de la selva que, al parecer, le salvo la vida.
Mi idea inicial era ir a ese remoto lugar, pero tras el accidente no estaba en condiciones de correr tantos riesgos y además había perdido demasiadas semanas ingresado y haciendo reposo y me quedaba menos de un mes de tiempo. Finalmente, Aganetha me habló de Margaret. Ésta vivía mucho más cerca de la civilización y si iba de parte de ella tal vez me invitara a quedarme. Así fue.
-Llega Vd. a tiempo para el almuerzo. Si quiere comer con nosotros..., dijo Esther Peters. Acepté la invitación encantado. La familia está compuesta por Esther y su marido Abraham, tres de sus seis hijos, y un niño boliviano al que han acogido. La hija mayor vive en una cabaña cercana junto a su marido -que llegó a Bolivia más tarde- y dos hijos.
-Llega Vd. a tiempo para el almuerzo. Si quiere comer con nosotros..., dijo Esther Peters. Acepté la invitación encantado. La familia está compuesta por Esther y su marido Abraham, tres de sus seis hijos, y un niño boliviano al que han acogido. La hija mayor vive en una cabaña cercana junto a su marido -que llegó a Bolivia más tarde- y dos hijos.
Esther (de espaldas), su hija menor Elisabeth y el sobrino de ésta, en el sala que hace de cocina, sala de estar y comedor de la cabaña principal. Aunque las paredes sean de tablones, llama la atención las comodidades y el suelo de baldosas.Según me contaron, en EEUU hay incluso turismo organizado en torno a los Amish, algo de lo que la familia estaba más que harta. Así pues, abandonaron su comunidad de Tenesse y vinieron a Bolivia para buscar un lugar donde poder vivir en aislamiento. De eso hace ya más de una década.
Al principio abrieron un claro en la selva a golpe de machete y con el tiempo fueron construyendo la casa actual. Los trabajos de mejora no han cesado desde entonces. Cuando los visité, Abraham estaba intentando canalizar parte del río hacia un molino de madera para construir un aserradero que funciona con agua. Me lo explicó su mujer, ya que él era extremadamente poco comunicativo. -Él es así, tiene miedo de todo. Pero no crea que está enfadado con usted, me dijo Esther.
Al principio abrieron un claro en la selva a golpe de machete y con el tiempo fueron construyendo la casa actual. Los trabajos de mejora no han cesado desde entonces. Cuando los visité, Abraham estaba intentando canalizar parte del río hacia un molino de madera para construir un aserradero que funciona con agua. Me lo explicó su mujer, ya que él era extremadamente poco comunicativo. -Él es así, tiene miedo de todo. Pero no crea que está enfadado con usted, me dijo Esther.
Al preguntar sobre la presencia de animales en la zona, Jacob, el hijo mayor, de 17 años, exclamó: -Hay harto puma. Hace dos semanas cacé uno que llevaba días merodeando la casa. Efectivamente, colgada de una viga, había la piel, de unos dos metros de largo.
-Pero lo peor, continuó Jacob, son los chanchos de monte (una especie de jabalí muy agresivo). De esos hay hartísimos y son muy peligrosos. Si le pillan a uno lo cortan en pedazos.
Más tarde cuando iría con Esther y los niños al huerto, a un kilómetro de la casa, sabría más del asunto. ¿Qué pasaba con ellos?
-Pero lo peor, continuó Jacob, son los chanchos de monte (una especie de jabalí muy agresivo). De esos hay hartísimos y son muy peligrosos. Si le pillan a uno lo cortan en pedazos.
Más tarde cuando iría con Esther y los niños al huerto, a un kilómetro de la casa, sabría más del asunto. ¿Qué pasaba con ellos?
Lea la Tercera Parte.
Jacob, de 17 años, había cazado un enorme puma dos semanas antes de mi llegada. Sin embargo, este no era el mayor -ni mucho menos el único- peligro de la selva.(*) Les recuerdo que los nombres son inventados.
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sábado, 5 de diciembre de 2009
Una familia amish en la selva. Primera parte.

Hogar de la familia en la selva. (Pinche la foto si quiere ampliarla)
"Yo solo puedo llevarle hasta aquí. Ahora cruce el río y avance en línea recta hasta llegar a la casa. Pero vaya con cuidado, tienen perros bravos." Estas fueron las últimas palabras del conductor de la moto con la que había llegado hasta allí. Habíamos atravesado muchos kilómetros de una de las selvas que hay en el norte de Bolivia. Primero usando las pistas de los leñadores y luego por dentro de la selva, zigzagueando entre los árboles y las palmeras. Cada tanto, pasábamos pequeños barrancos y riachuelos utilizando un tablón -que a duras penas era más ancho que la rueda- apoyado en precario equilibrio sobre los bordes de la senda.
Por suerte, los indígenas de la selva nunca se ponen nerviosos y al motorista no le temblaba el pulso lo más mínimo en el momento de cruzar.
Sin embargo, yo no estaba tan tranquilo. Hacía algo más de un mes que había salido de un hospital de Bolivia tras un gravísimo accidente en tierras menonitas que casi acaba conmigo. Todavía no me había recuperado de la pérdida de sangre y llevaba el brazo cosido y vendado hasta el codo. Si me caía allí, a varios días de un hospital, sería muy grave.
Muy inestable por el peso de la mochila grande a la espalda y la pequeña con la cámara en el pecho, me sujetaba con la mano izquierda a un saliente metálico de la moto. Parecíamos motoristas de Saigón.
Yo no paraba de repetirle al conductor "Vaya despacito por favor, que tengo el brazo derecho fregado -estropeado en boliviano- y no puedo sujetarme".
Al final no caímos gracias a la pericia y serenidad del motorista. Era todavía el primer gran viaje después de haber dejado el trabajo de astrofísico para correr aventuras, y no se puede negar que las había tenido. En los últimos meses había experimentado el conjunto de aventuras más grande que me haya ocurrido hasta el momento. Incluyendo su lado oscuro.
La cuestión es que allí estaba. Así que ahora "perros bravos", eh?
Me despedí del motorista, crucé el río y avancé en línea recta. Pasé una zona de vegetación densa y allí apareció la casa. Unas cabañas con paredes de madera y techos de hoja de palmera. Los perros bravos no podían estar lejos.
Para mis adentros pensaba que, aparte de esta familia, no vivía nadie más en muchos kilómetros a la redonda, y ciertamente los perros no estarían acostumbrados a las visitas. Además la familia ni siquiera sabía que yo venía. Así que, mientras avanzaba lentamente hacia la casa, iba gritando "¿Srs. Peters? (*) ¡Hola! ¿Hay alguien?" Con la esperanza de que los habitantes estuvieran fuera de la casa o salieran a tiempo de parar a los perros, caso que estos se alarmaran.
De repente, apareció uno de los perros y comenzó a correr hacia mi.
(*) Los nombres son ficticios y no puedo dar detalles del lugar. Este fue el acuerdo al que llegamos para preservar la intimidad y el aislamiento de la familia.
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