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martes, 10 de julio de 2012

Epifanías ateas: clasificación y métodos para tenerlas. Segunda parte.

Aquí estaba yo cumpliendo ateamente (sic) con los tres métodos más abajo descritos

En la Primera Parte, vimos lo que son las epifanías ateas y una forma de clasificarlas. A continuación, les explico tres métodos que a mi me dan buenos resultados:

1- Aprender a valorar el silencio: Aunque se esté en compañía no pasa nada por estar callado. El silencio puede llegar a decir mucho más que las palabras, nos conviene escucharlo. Ejemplo: Un momento en que frecuentemente soy asaltado por revelaciones son los segundos de esperar yo solo el ascensor en algún edificio alto. Si hay gente es más difícil: a algunas personas el silencio les resulta incómodo. Moraleja: además de pensar qué se hace, pensar cómo se hace.

2- Aprender a estar solo: En realidad esto puede considerarse un corolario del anterior método. Ya les he dicho en alguna ocasión que siempre he tenido unas tendencias solitarias tremendas (algo relativamente común entre los físicos) y creo que es esta peculiaridad lo que me hace ser receptivo a este tipo de revelaciones. Ejemplo: Los momentos de soledad en la naturaleza.

3- Aprender a estar inactivo pero con la mente despierta: No hacer quince cosas al mismo tiempo también ayuda. Es importante guardarse unos momentos al día para no hacer absolutamente nada. No me refiero a un descanso pasivo sino despierto. La falta de distracciones nos dejará ver la Verdad. Ejemplo: Cuando estuve a punto de alcanzar la iluminación en un barco del Amazonas.

Espero sinceramente que estas recomendaciones les sean de utilidad. Si lo desean, pueden contar sus experiencias en los comentarios.

lunes, 21 de mayo de 2012

Epifanías ateas: clasificación y consejos para tenerlas. Primera parte.

Autoretrato bajo las estrellas y con la sombra del trípode y la cámara(*)

En inglés, to have an epiphany significa tener una experiencia de comprensión repentina del significado profundo de algo. En español "epifanía" tiene más connotaciones religiosas, pero las que yo tengo no las tienen. Es de epifanías ateas de las que yo disfruto.

La mayoría de epifanías que tengo son inmensamente agradables(**), y suelo tenerlas en soledad y en plena naturaleza; a menudo bajo las estrellas.

Las epifanías no siempre tienen que ser grandilocuentes. Cuando me hice el autorretrato que les muestro acababa de tener una sencilla: Si en el futuro los extraterrestres llegan a la Tierra, se quedarán escandalizados por la gran cantidad de bancos y los pocos observatorios astronómicos.

Recuerdo muy claramente cómo se generó la revelación en mi cabeza: Al contemplar los observatorios de La Palma, en la cima nevada del Roque de Los Muchachos, pensé que después de todo había cosas buenas en la especie humana. Pero al instante siguiente sentí una gran vergüenza al darme cuenta de la desproporción de esfuerzo que nuestra especie dedica a cosas miserables.

Las epifanías grandiosas tienen todavía más tendencia a aparecer bajo las estrellas. Comprender nuestra situación en el Cosmos, alcanzando la perspectiva del astrónomo -aunque no todos los astrónomos la tienen-, permite ver las cosas y sus relaciones con unas proporciones más cercanas a la realidad. Darse cuenta de lo extraordinario de la existencia y de lo glorioso que puede ser en realidad nuestro tiempo en la Tierra.

Lamentablemente, hay gente en este mundo que ni viendo cosas como estas son capaces de darse cuenta de lo que realmente es importante.

En la segunda parte explicaré algunos métodos para tener epifanías.

(*) Ya sé que recortando el trípode la composición mejora, pero yo valoro el contenido por encima de las formas, a mi entender muy sobrevaloradas en este país. El trípode y la cámara me acompañan en muchas de mis aventuras y me gusta que salgan en la foto.

(**) También tengo algunas absolutamente terroríficas pero creo que es mejor que no les hable de ellas, porque son ciertas.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El punto azul pálido visto más de cerca

D'où venons nous Que sommes nous Où allons nous de Paul Gauguin

El otro día hablábamos de subirse a un avión como alternativa a salir al espacio exterior para ver nuestro mundo desde lo alto.

Un reciente time-lapse realizado desde la ISS -de lejos el mejor que haya visto hasta el momento-, nos ofrece la posibilidad de imaginar como sería disfrutar de esa experiencia.

Estoy segurísimo de que les dejará maravillados. A mi me parece glorioso, me hace pensar y sentir cosas parecidas al famoso punto azul pálido, y es un nuevo ejemplo del privilegio que supone el vivir en nuestra época.

En la actualidad tenemos la posibilidad de dar un nuevo paso más allá del clásico dibujo que muestra la evolución del ser humano hasta caminar erguido. Un último paso en el que miramos hacia arriba y descubrimos quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.


lunes, 18 de julio de 2011

Estoy a punto de alcanzar la iluminación

En esta zona por la que estoy viajando no hay prácticamente carreteras. Las autopistas son los ríos y uno debe acostumbrarse a la lentitud de la navegación. Las grandes distancias que separan los diferentes destinos hacen que frecuentemente pase varios días con sus noches tumbado en mi hamaca en la cubierta del barco.

Vivir en una hamaca es toda una experiencia que merecerá una entrada a parte. Por el momento les diré que el otro día pasé tres días y tres noches seguidas viajando en mi hamaca practicando el noble arte de la contemplación. Yo creo que debe ser una experiencia similar a la que realizaban aquellos sabios antiguos, que de un día para otro decidían ir a vivir a una cueva o bien a lo alto de una columna. Ensimismado por la bella monotonía del paisaje iba a alcanzar la sabiduría... pero siempre ocurre algo que nos distrae.


Esta entrada también la sube el robot. Cuando ustedes la lean yo estaré terminando un trayecto de este tipo de siete días de duración. El más largo del viaje. Así que tal vez ahora mismo estén ustedes leyendo el blog de un sabio. También cabe la posibilidad que no lo haya resistido y haya perdido la razón definitivamente. Supongo que notarán cual de las dos cosas me ha sucedido si leen las próximas entradas. Aunque me temo que a veces la frontera entre la sabiduría y la locura puede ser algo difusa...