Aquí estaba yo cumpliendo ateamente (sic) con los tres métodos más abajo descritos
En la Primera Parte, vimos lo que son las epifanías ateas y una forma de clasificarlas. A continuación, les explico tres métodos que a mi me dan buenos resultados:
1- Aprender a valorar el silencio: Aunque se esté en compañía no pasa nada por estar callado. El silencio puede llegar a decir mucho más que las palabras, nos conviene escucharlo. Ejemplo: Un momento en que frecuentemente soy asaltado por revelaciones son los segundos de esperar yo solo el ascensor en algún edificio alto. Si hay gente es más difícil: a algunas personas el silencio les resulta incómodo. Moraleja: además de pensar qué se hace, pensar cómo se hace.
2- Aprender a estar solo: En realidad esto puede considerarse un corolario del anterior método. Ya les he dicho en alguna ocasión que siempre he tenido unas tendencias solitarias tremendas (algo relativamente común entre los físicos) y creo que es esta peculiaridad lo que me hace ser receptivo a este tipo de revelaciones. Ejemplo: Los momentos de soledad en la naturaleza.
3- Aprender a estar inactivo pero con la mente despierta: No hacer quince cosas al mismo tiempo también ayuda. Es importante guardarse unos momentos al día para no hacer absolutamente nada. No me refiero a un descanso pasivo sino despierto. La falta de distracciones nos dejará ver la Verdad. Ejemplo: Cuando estuve a punto de alcanzar la iluminación en un barco del Amazonas.
Espero sinceramente que estas recomendaciones les sean de utilidad. Si lo desean, pueden contar sus experiencias en los comentarios.























