Tras la mayoría de viajes en los que he tenido que cruzar fronteras por
tierra, los pueblos que se encuentran a ambos lados siempre han dejado
una huella en mi memoria por tener un no sé qué de misterioso y
variopinto, por la transición cultural que suele producirse.

Los atractivos que me ofrecía eran tanto estéticos -con las espectaculares iglesias ortodoxas de cúpulas doradas-, como culturales -con lugares clave de la historia más o menos reciente. La omnipresencia del alfabeto cirílico me recordaba constantemente que estaba muy lejos de casa y acentuaba la sensación de misterio del lugar. Un misterio que estaba a punto de desvelar.

Yo venia de Rumanía, así que comencé mi periplo por el suroeste del país, entrando por una pequeña ciudad llamada Tchernivsti. Había oído hablar de la belleza clásica de la ciudad de Lviv. Me fui directo a la estación de tren. Esa ciudad sería mi primera parada.
El hecho de ser Ucrania una especie de país puente entre la cultura
occidental europea y la rusa, me hacia pensar en la posibilidad de
encontrar estas características a lo largo de todo su territorio.

Los atractivos que me ofrecía eran tanto estéticos -con las espectaculares iglesias ortodoxas de cúpulas doradas-, como culturales -con lugares clave de la historia más o menos reciente. La omnipresencia del alfabeto cirílico me recordaba constantemente que estaba muy lejos de casa y acentuaba la sensación de misterio del lugar. Un misterio que estaba a punto de desvelar.

Yo venia de Rumanía, así que comencé mi periplo por el suroeste del país, entrando por una pequeña ciudad llamada Tchernivsti. Había oído hablar de la belleza clásica de la ciudad de Lviv. Me fui directo a la estación de tren. Esa ciudad sería mi primera parada.

Continuará...












